Muchas parejas creen que matrimonio y Unión marital de hecho son lo mismo.

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Muchas personas empiezan una relación de pareja de la manera y por los motivos más inadecuados; muchos ni siquiera saben si desean vivir en pareja asumiendo los compromisos que ello conlleva y se lanzan a una aventura creyendo que pueden seguir viviendo como solteros pero estando en pareja.

Claro, alguien podrá afirmar que hoy existen otros modos de vivir en pareja como las “parejas abiertas” donde las dos personas viven en pareja pero tienen permisos de tener otras relaciones paralelas. No será este el tema que trate acá. Y quiero aclarar también que, aunque voy a hablar del matrimonio, no quiero hacer diferencia entre matrimonio civil y religioso, no porque no las haya (como persona de fe siento que hay muchas diferencias) sino que me quiero centrar en las figuras de matrimonio y Unión marital de hecho. ¿Por qué no hablo de “Unión Libre”? Porque el matrimonio también es una unión libre, el matrimonio debe darse desde la libertad de cada uno de los contrayentes, de lo contrario ese matrimonio será jurídicamente nulo.

Volviendo a lo anterior, siempre es importante que cada uno, como adulto, se pregunte:
– ¿Quiero vivir en pareja o solo? (Esta es una decisión muy personal. Usted puede decidir lo que quiera pero siempre asumiendo las consecuencias de las decisiones tomadas. No puede comenzar una vida en pareja por miedo a estar solo/a, porque eso acabará mal).
– Conozco cuáles son los requisitos y las consecuencias de una convivencia en pareja?
– ¿Cuáles son los objetivos que tengo para querer vivir en pareja?

Todos, como adultos, tenemos derecho a elegir la forma de vida que más nos convenga o más nos llame la atención o donde nos sintamos bien. Sin embargo, es importante tener en cuenta que cuando empezamos una relación de pareja, se hace necesario que las dos personas estén de acuerdo o, por lo menos, conozcan las intenciones, motivaciones y valores que tiene la otra persona sobre el tema. Si no me atrevo a tener claridad sobre mis propias intenciones, mis motivaciones y mis valores en torno a la vida de pareja, muy probablemente no me detendré en revisar las intenciones, motivaciones y valores de la persona con quien deseo empezar una vida en pareja, conduciendo a un, muy posible, fracaso de algo que pudo haber sido muy bonito, pues, con frecuencia “lo que comienza mal, termina mal” pues es posible para ti la vida en pareja sea algo serio, pero puede ser que para la otra persona, con quien decidiste involucrarte, no sea así.

El tema es que cuando una relación de pareja termina, empezamos a buscar culpables y generalmente señalamos al que no está, al que se fue. Pongamos un ejemplo: Una pareja se casó muy enamorada pero al cabo de 6 años, uno de ellos fue infiel y entonces sintió que “se le había acabado el amor” y decidió acabar con el matrimonio; la persona que quedó, sumida en el duelo, empieza a llorar, lamentarse, buscar culpables, etc.

Esta persona que quedó desconsolada empezará a culpar a quien se fue. Pero hoy, quiero pedirle que se pregunte: Cuando comenzó la relación: ¿Usted qué estaba buscando? ¿Usted tenía claridad de sus intenciones, de sus motivaciones y de sus valores en torno a la vida en pareja? ¿Usted sabía qué estaba buscando la otra persona? ¿Usted tenía claridad de las intenciones, las motivaciones y los valores que la otra persona tenía en torno a la vida en pareja? O ¿simplemente lo supuso? ¿En qué se basó la decisión de conformar una pareja? ¿En qué se fundamentó luego la convivencia de la vida en pareja?.

¿Por qué es necesario plantearse estas preguntas? Porque probablemente en esta reflexión, la persona que se quedó haciendo el duelo por la separación, empiece a darse cuenta que ni las motivaciones eran las correctas, ni las intenciones eran las adecuadas y los valores no eran claros; que, muy probablemente, se centraron en cosas urgentes y dejaron de lado las importantes, que cada uno (o uno de ellos dos) quiso seguir su vida como si fuera soltero/a y se olvidó que al vivir en pareja las cosas cambian, que se quedaron centrados en “pasarla rico” o porque “la habían pasado rico” y creyeron que así sería siempre. No quiere decir que en la vida de pareja “no se pase rico”, quiero decir que se debe tener claridad que en la vida en pareja se tienen dificultades también que deben saberse abordar.

Si la persona que quedó envuelta en duelo, no se da tiempo de revisar que, muy probablemente, las cosas venían mal desde el principio, puede terminar llenándose de rabia, miedo, deseos de venganza, etc. Cuando hablo de venganza, no me refiero a que va a buscar a la otra persona para hacerle daño (típico desenlace de telenovela mexicana) sino que, por ejemplo, si fue la esposa la que quedó sola, puede empezar a buscar a cuanto varón se atraviese por su vida, salir con todos, sacarles dinero, tener relaciones con todos, etc., como forma de demostrar que ella “no es fea ni está pasada de moda” (quizá alentada por algunas de sus amigas); o si es el varón el que quedó en casa solo, buscará a cuanta mujer aparezca, tener relación con todas, emocionalmente no vincularse con ninguna, etc,. para mostrarse a sí mismo que “todavía puede” (quizá animado por algunos de sus amigos). Y al final qué van a encontrar? Con el tiempo estas personas que han buscado venganza, se sentirán más vacíos, más solos y pueden terminar una carrera buscando entablar una relación con alguien, pero como está angustiado/a, no se dará cuenta de las motivaciones, las intenciones y los valores de esa persona y adivinen que…..nuevamente empezará una relación de pareja que ha comenzado mal.

Pero, entonces, dónde queda la diferencia entre matrimonio y Unión marital de hecho?
En que un matrimonio significa compromiso serio entre dos personas, deseos de dejar a sus familias de origen para comenzar a construir su propia familia, claridad personal y conocimiento de lo que mueve a su pareja en este camino, construyendo una relación amorosa entre los miembros de la pareja, dispuestos a caminar, uno al lado del otro, en la alegría o la tristeza, en la pobreza o riqueza, en la salud o en la enfermedad. La pareja que decide casarse está dispuesta a luchar el uno por el otro (claro, casos se dan), por ello se hace necesaria la preparación al matrimonio. Aunque hoy, tristemente, no existe una verdadera preparación para una decisión tan grande y las parejas toman el famoso “cursillo” (10 extenuantes horas) como un requisito más, sin darle la verdadera importancia que tiene esta preparación previa. Mientras que una unión marital de hecho carece de compromiso serio entre las dos personas y por lo tanto se empieza a construir un edificio sin cimientos fuertes, incluso muchos dicen “vamos a ver cómo nos va”…ante una motivación así, cómo crees que les va a ir?; una pareja que opta por la unión marital de hecho empieza a crearse mutuamente una herida, pues es como si cada uno le dijera a la otra persona: “Tú no eres suficiente para mí, estaré contigo mientras aparece alguien mejor”.

Así que son muchas cosas para revisar, comenzando con una evaluación y un proceso de autoconocimiento, sólo así sabrás qué quieres y qué estás dispuesto/a a dar. Pero si no te tomas el tiempo de hacerlo, puedes terminar tomando una decisión equivocada con todas las consecuencias de dolor posibles. Muchos padres de familia les pagan a sus hijos cursos de orientación vocacional porque es necesario que ellos tengan claridad sobre qué quieren estudiar en la Universidad, pero cuando están de novios, la preocupación es que no queden “embarazados”, muy pocas veces los papás se sientan con sus hijos a hablar de estos temas, muchas veces quizá porque no los conocen y otras muchas porque no les dan la importancia requerida. Los hijos, al ver que sus padres, quienes ya tienen experiencia de vida en pareja, no les dicen nada sobre el tema, creen equivocadamente que el “te amo y no sé qué haría sin ti” es una muestra de amor, no dándose cuenta que es una clara muestra de vacíos sin resolver que esa persona tiene y que si no los trabaja, tarde o temprano, va a traer dificultades a la vida de pareja si se deciden por ahí.

Recuerda la Palabra en Gn 2, 24: “Por eso el varón, dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y os dos serán una sola carne”. Claro y la mujer también debe dejar a su familia de origen, de l contrario la nueva experiencia de familia puede convertirse en lo que más temían.

 

Ps. Leonel GRIMALDO SALAZAR
www.psicologoalamano.com

Autor de la publicación

Cañaguate En Digital

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